¿Por qué el terrorismo no es una amenaza para Japón?

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17 May ¿Por qué el terrorismo no es una amenaza para Japón?

El terrorismo islámico ya no es un hecho aislado. El terror causado en algunas de las capitales más importantes del mundo y sus violentas acciones a lo largo del globo han despertado las alarmas y el pánico de prácticamente la totalidad de los Estados. Los datos registrados en las agencias de seguridad más relevantes subrayan el elevado porcentaje de atentados perpetrados por grupos islamistas. La sociedad tiembla, las ciudades se mantienen alerta y casi ningún país se puede librar ya de esta sombra tan alargada. Esta sería, en un primer momento, la conclusión más lógica. Sin embargo, la violencia terrorista parece no haberse percatado de la existencia de un conjunto de archipiélagos que, conocido como el país del Sol Naciente y anticipando la inmensidad del océano Pacífico, es el principal aliado de Estados Unidos en Asia. Japón, a pesar de la internacionalización del terrorismo islámico, no está sufriendo sus estragos.

¿Han descubierto la fórmula para frenar el auge de la violencia fundamentalista? ¿Cuentan con algún tipo de mecanismo para detectar la amenaza del terrorismo islámico? Aunque lo ideal sería que estas cuestiones tuvieran una respuesta, para así extrapolarla al resto de países afectados por la alarma terrorista, lo cierto es que el gobierno nipón no tiene la llave para erradicar el terrorismo islámico, pero sí ha sabido paliarlo.

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el proceso de reestructuración que llevó a cabo Japón bajo la intervención de Estados Unidos para sus relaciones con el exterior desencadenó en una doctrina pacifista, que llevó al país nipón a aislarse -también en lo relativo a la exportación de armas- durante más de cincuenta años de los conflictos militares que fueron desencadenándose en el planeta a tenor de la Guerra Fría y de las tensiones geo-estratégicas y civiles en Oriente Medio. Este aparente debilitamiento militar, unido a la fidelidad con la que Japón lleva colaborando décadas con Estados Unidos podrían suponer la ecuación ideal para llevar a cabo atentados en suelo japonés.

Sin embargo, en política internacional los intereses juegan un papel fundamental, y el uso que se le dé a los mismos determina en muchas ocasiones que el resultado sea de una manera o de otra muy distinta. Así, el cariz pacifista de los japoneses, su no-intervención en varios de los principales conflictos acaecidos en Oriente Medio (Irak, Siria, Afganistán) y las grandes inversiones que ha realizado en pro de organismos como la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para refugiados palestinos) han alejado a Japón de la esfera geo-estratégica que provoca la aversión islámica hacia el mundo occidental. Por otro lado, a diferencia de los grandes lazos económicos que vinculan Occidente con el mundo islámico, Japón ha sabido gestionarlas en tanto que su interés energético tomó, desde la crisis del petróleo de 1973 una dirección pro-árabe. Además, su restrictiva política de inmigración ha permitido impedir la consolidación de una población islámica lo suficientemente numerosa como para ocultar “lobos solitarios” o células terroristas destinadas a causar el caos. Para la sociedad japonesa, la cultura musulmana resulta anómala en comparación con la propia identidad y raíces de los nipones, lo que ha suscitado una regulación al respecto. En definitiva, una composición político-económica y social capaz de haber sabido gestionar la amenaza terrorista global.

En política internacional es primordial saber mirar con perspectiva, e independientemente de que haya podido contar con la orientación norteamericana, Japón ha sabido alejarse de esa influencia, manejar su posición internacional y dar los pasos necesarios para planificar y estructurar una política que ha conseguido aislarla de una amenaza mundial cada vez más real.

Alejandro López Mollinedo

Investigador Ayudante del Instituto de Estudios Asiáticos Martín de Rada



Las ideas contenidas en los textos Rada son de responsabilidad de sus autores, sin que reflejen, necesariamente, el pensamiento del Instituto de Estudios Asiáticos Martín de Rada. El Instituto de Estudios Asiáticos Martín de Rada no tiene una posición institucional en los asuntos políticos. Este documento se hace público entendiendo que cualquier uso que se haga de él, tanto su autor como el Instituto serán citados debidamente, según la Referencia expresada al comienzo del documento.



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